3.11.09

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entre sus pertenencias, sobre

la caja de madera, la quincalla y

la ebanistería, marquetería o

lejanas torres, era lo último, un

ofrecimiento


pensó, detenidamente, en las tensiones

y en las dulces tardes o en la falta

de puntuación, ella fue generosa

con la puntuación y no era del todo

inmerecido


locuras de jóvenes y ausencia,

disparaban gomas a los pájaros y anidaban

otros cuervos en los aleros, su madre

decía que no maltratasen a las golondrinas, pues

son criaturas de Dios, su más exacta

representación


el molino y la infancia fueron

aquella íntima presencia de aquella

chica, tan hermosa y hoy un

recuerdo y una olvidada cinta para el pelo, y

pasiones, y hombres y mujeres camino de su

trabajo


nadie sabe su nombre, se para en la plaza

y viste un hábito negro y su cara es pálida como

la luna, manos de dedos largos, pies descalzos,

vibra el viento cuando mira, cuando escruta cada uno

de los rostros y nadie se mueve, nadie

pregunta