podría conducir toda la tarde sin detenerse
la música
como una ceremonia era
el agradecimiento por estar en el centro
por no oscilar
por haber visto y haber callado
por sentir la monstruosidad en su interior y desdoblarse
en el momento preciso
podría explicar sus razones, pero prefiere no hacerlo
oh, silencio y mar, que se extiende bajo los pies, no es el
sótano, ni los trasteros bajo el tejado, ese calor humeante del verano, polvo
en suspensión, y los niños que son ancianos en un instante juegan a las velas
de los grandes veleros cuando los vapores los están desplazando
ese era aquel presente
ese el único tatuaje posible, lo demás: voluntad de esclavitud
pero lo rechazó todo y el coche le llevó a una pequeña cala y el mar y el silencio y la música dormida