Tenía sus años. Las cintas de cassette, cajas dispersas en el asiento trasero y viejos gustos aquilatados en el paso del tiempo se habían hecho fuertes. Partes del pasado se reflejaban en la elección de la música. Es importante para mí, la música es más que música, inaprensible y descriptiva: paisajes, sensaciones, otredades, profundidad y aligeramiento. Así, eso fue lo que dijo, ha habido momentos en los que no fui bueno, un demonio furioso, pero el fluir, la corriente de Bach me ha reposado, ¿parece imposible?, no, hay una cura en ello y al trasluz me tranquilizó. Se elevaba la línea de la melodía, camino de casa, el regreso a un cierto centro y un cierto equilibrio.
La casa... y pensó en esas expresiones que se repiten, que caracterizan a una persona. Se indica mediante una inflexión, tras un gesto, los ojos o las manos. Pero todo se explica, todo tiene su razón y es necesario encontrarla. ¿Realmente? Era así como debía pensar. Tal vez las nubes traigan lluvia, tal vez la tarde se haga eterna y nunca llegue la noche. Si las posibilidades se centran en determinar un sujeto, encontraría sobradas fuerzas. Cambiar, el cambio es posible, destruir un yo, construir un yo. Como un giro, las peonzas de neón.