Podría irse el lunes, tras la Semana Santa, o postergarlo hasta que realmente sintiese la necesidad de regresar. La ausencia de una razón, el tiempo detenido o la simulación de actividades, el descanso. La acedía tenía una placentera novedad. Simultáneamente, no podía dejar de pensar en todo aquello que se esconde en los fragmentos del día cuando éste no se ve dividido: salvo las comidas y poco más. Sin distinción entre feriados y laborables, una continuidad asombrosa, que abre un abismo y cierra las puertas del sosiego.
La niebla escondía el valle, su perfil.
París es una ausencia.
París es una trayectoria.
París es el nombre de una ciudad.
París es transparente.
París es una realidad.
París es una parte interna de un organismo.
París es una perfección.
París es una construcción.
París es rectangular.
París es círculo y esfera.
París es trazo y deserción.
París es la parte interna de un organismo.
La función crea al órgano.
El órgano crea la función.
Se despejaría la niebla y sobre la mesa continuarían los libros, los lápices, el despertador, los rotuladores, los bolígrafos. Soñó con puertos y toros. Soñó con vientres azules y rayos de delicada escena. El valle era algo más que un fragmento de todos los paisajes recibidos. París, su reflejo.