11.11.10

wasp

Todo se reduce a pensar en una estación de tren.

Era pequeña, el viento escarpaba por sus paredes: aluminio o ladrillo visto, vigas de hierro que asomaban su herrumbre impasible. El rojo es un color definitivo, aunque sus matices sean problemáticos.

La profundidad del húmedo pueblón no resulta tan amenazadora como se puede suponer, pero eso es lejanía, hoy sólo los campos se muestran abatidos

La sensibilidad.

Fragmentos, topes, autobuses en los pueblos que limitan con Castilla: allí aprendí la posibilidad de una diferencia. El paisaje se agita. Arena, retamas, lomas, un pueblo, calle abajo, la iglesia, el descanso de los velatorios. Exactitud y vibración.  Las avispas acudieron a la llamada del lobo, se agitó el río y su elevación fue el detonante, perros que callaron, los gatos no transmiten enfermedades, pese al error, la creencia fenece.