Eran los negros teléfonos que en el corazón negro de la noche sonaban sin descanso. Campanillas que se afilan contra las romas aristas de la habitación: es blanca, eterna, blanca, el flúor y la bestia blanca. Números verdes palpitan en el interior del radio-desperador, pero ahora su vida es otra, una preocupación, el estallido de una ilusión o una esperanza. Hay algo paralelo, es la amada simetría, quizá aquellos números, quizá estas monedas. La percusión de las palabras contra la piel amada.
Es su mundo hermético: de espera y transición es el vuelo o el aligeramiento de un deseo.
Lápices, cuerdas, remedios, trueno, daños, agendas, Londres, secuestro, anfetamina, estrella que ni aumenta ni disminuye, la espera, galerías, el anuncio o la desesperación.
Hoy la noche no se hace transparente como transparente era en aquellos días sin dolor, ahora: afilada y sin angustia, su cuerpo es el comienzo.