18.9.10

Zamora

Callejón sin salida, azafrán, duda. La tarde desciende sobre los puentes de Londres, pronto se define el día en los ámbitos de la música: inconcebible, sin marcos, abstracción o elevado humo de hogueras, son gitanos o dorados peces eternos. Hay en los márgenes del río granos de pimienta, es la minúscula semilla, el árbol se estremece al contacto de una mano, es la mano traslucida, es el agua del amanecer. Hay en Toledo una taberna en la que fuimos felices con el vino y el tabaco: negro y absurdo. Descolgados desde los muros de la prisión, son cruces o pájaros de lata, cristales que semejan fondos de jazz o el azul precioso de las vidrieras de aquella catedral. Tal vez Zamora, tal vez Zamora.