Trenes: sólo se lo deja a la que con ella vive. Separadas las monedas. Una guitarra eléctrica es una vía de conocimiento. La cocina, libros y papeles, andaba por allí, quizá eran trastos, pero la vida la tenía allí. Telarañas, la casa era suya, la había heredado de su tía, pero no es el mar lo que llega hasta su puerta, es un fondo inútil de gramáticas y tablas de multiplicar, ya casi hace un año que compró el estuche de lápices negros. Es un entramado de conversaciones, comidas humildes y atronadores pregoneros. Son esas palabras que en el campo quedaron olvidadas. Las rosas se transforman en espejos de la muerte, cada día están más hermosas, no son sólo las bonitas las cosas: piensa en cada movimiento, sabemos lo que sale bien, pero qué pasa con sus errores, sus olvidos, es la finalización de la contabilidad o el fin del verano. Ritmo, como si tuviera dieciocho años. Las luces se apagan en nuestro pequeño y portátil teatro.