El coleccionista, a él, le apasionaba como tema de conversación, de charla indolente, de intercambio. Ese era el afán que le movía a viajar. Así se desplazaba a convenciones de bibliófilos, de numismáticos o coleccionistas de cómics o etiquetas de vino. Las vitolas de los puros, cromos de futbolistas, plumas o violines. Qué importa, siempre aparece la misma obsesión: fascinante e hipnótica. Hay muchas maneras de entregar la vida a un sinsentido, pero la vida es eso mismo: un sinsentido, nada nos salva de la muerte y la búsqueda de lo útil es tan absurda como la búsqueda de inútil, yo también soy un coleccionista: el coleccionista de coleccionistas. ¿Cómo? Pues para eso están las documentaciones, el happening y la performance, todo es posible: todo lo que sea susceptible de ser documentado.
- ¿Te parezco suficientemente postmoderno?
- Muy postmoderno.
Y así se alejó: calcetines en damero, zapatos rojos, pantalón verde, camisa amarilla y gafas de pasta azul.