todos sabían/hablaban de sus misterios/silencios
Amanece. La ciudad retoma el ritmo y los últimos noctámbulos deshacen su camino, la carretas son negras y el funcionario atraviesa el parque con su perro, desayunará y abrirá la página del periódico donde se cruzan los anuncios con los resultados deportivos. Un empate es suficiente, un garaje por unos miles de euros, hay un tope para la captura de algún pez. Peces de plata o de bronce. Aquel hombre ordena papeles y estructura su veraneo: es importante su barca neumática, su arpón, el traje, las aletas. Pero hoy hay alguien que no acudirá a la oficina. La oficina es un núcleo que se forma, se deforma, cambia y avanza, retrocede y se desdibuja, ¿qué permanece? Es el silencio del abandono, últimas horas de la madrugada.
Por la avenida que conduce al puerto las farolas se van apagando. Blanco de sanatorio, elaboradas cadenas de flores y cardos, un caballo pasta junto a la autovía. Los coches son metal, velocidad y frágil destino. ¿El carácter es el destino?
Acero, cristal, madera, plástico, cuero, agua, pestillo, goma o piedra. A través de las ventana la ciudad es un espejismo.