6.4.10

10

Pereza. La cerveza no era un espejismo. Con 17 años se podía permitir el pelo verde y las uñas rojas, el viento entre los dedos. Aquellos bares en los callejones le ayudaban a entender la ciudad. Un regreso al pueblo tan brillante como interior. No era la muestra, el tapiz entrevisto, la deliberación, el recuento de los errores, los sonidos que los aviones inyectan en los pasajeros. Aire acondicionado y bebidas frías, esa misteriosa ginebra o periódicos atrasados, el aliento de los muertos, el tacto de los cadáveres.


Pero no encontramos lo que buscábamos, era un error, deberíamos pagar a los dueños de la baraja y las estampas, ellos reclamarán su dinero, su minuta.


No son precisos los detalles.

Todo pasa deprisa.

El concierto se ha suspendido.