1. En aquel inhóspito claustro, mientras la nieve caía lentamente sobre los cipreses, el humo y la sombra se entrecruzaban y una monotonía de rezos y lejana música de vihuela sembraba el futuro de presente. Era un cuerpo que se elevaba dos centímetros sobre el suelo, que tenía esa extraña cualidad de hacerse transparente. Avanzaba la procesión y el furor blanco de la nieve descomponía todas las certezas anteriores. Ceniza. No es una cuestión de vocabulario, ni tan siquiera una peregrinación dolorosa y necesaria, el juego de los disfraces ya no le aburre, pero aquí su entrada está vedada y el reflejo de las hogueras en sus ojos distribuye el sentido de su verdad, que no única, que es un poliedro de substancias y deserciones. Nada hay en el fondo de un vaso que no se puede recoger.
2. La otra cara de la moneda mostraba la incesante necesidad de presencia. ¿Qué decir ante el estallido de formas y colores, sin narración no es posible?
3. Parte automática / en el cierre que atestigua la / secreción de olivos y noches en la / pátina antigua de nuestros bolsillos / hoy vacíos / mañana llenos de otras monedas que ya no podrán / ser aquellas.