18.2.10

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Entre las resmas de papel húmedo vio un periódico atrasado. Casi no era posible leerlo, pero en la primera página estaba la foto que llamó su atención. La recortó con sus dedos y la guardó en la cartera. Cuando llegó a casa la pegó en su diario. ¿Qué había llamado su atención? El rostro de una muchacha, nada más. Sólo su rostro, que perfectamente pudo reconocer. Se veía en un primer plano aquel rostro, anguloso, de ojos brillantes y profundos, hundidos. ¿La noticia? Resultaba indiferente. Hacía poco que había visto a la misma chica en un estado lamentable y eso le explicaba ciertos fenómenos de lo que él llamaba vicio, en ocasiones, como una conexión subterránea donde se resume la explicación de la ciudad. A su alcance. Otras veces lo denominaba vía de conocimiento. Confiaba en la heroína, pero no deseaba adentrarse en ella. Agujas, llamas, agua que hierve. Filtros, algodón, sangre. Así el cielo es un plomo o una plata de muslo y champú con aroma de menta. Camina por las calles con su pena y su peso, que en ocasiones le resulta ligero. Monedas que saltan de mano en mano. ¿Cómo había llamado a su hijo? ¿Peligro, muerte, profundo pozo? No tiene importancia. La anotación en el diario es el dibujo impreciso de una intuición. Así son nuestros mares interiores. ¿Ambigüedad? El paseo comienza en el aserradero abandonado. Río arriba está la mini-cetral-eléctrica. Allí hay un almendro seco que nunca dio fruto. Hay enamorados que han grabado allí sus nombres. La lluvia pulmonar es un estado. Toser y tabaco, el viento y el vino agrio, el paladar de una copa de coñac, suspira y sabe cómo encontrar la alegría y defenderse de la plaga de los tristes. Hacía un mes que no la veía y notaba como su ausencia se cristalizaba en otra renuncia. Sexo húmedo, aleteo de labios, la erección. Sabía como el cuerpo se torna en una vía de conocimiento, pero lo atenazaba un temor: no la volvería a ver. El recuerdo era intenso hasta el dolor. Sus piernas desnudas y el sexo abierto y oferente, zapatos altos y el olor a menta, tiembla y reclama un abrazo. El río es una lámina verde o negra, los árboles sumergen allí sus ramas y las piedras son monstruos dormidos. No hay preguntas, no hay más preguntas.