20.2.10
old fashioned
Llovía. Tiempo atrás decidió emprender el relato de los años en la sombra. No resultaba sencillo. Tantos detalles en los que pensar, tantos momentos olvidados. ¿La vergüenza? Al fin y al cabo, sólo era un documento privado. Compró un cuaderno de tapas duras, con las hojas en blanco, en la portada pegó un tejuelo con cola de carpintero, muy diluida en agua [receta familiar]. Estaba anticuado y la elección del cuaderno respondía a ese desinterés por la actualidad. ¿Cómo surgen los consumos de droga en el siglo XIX? ¿Podría ser el párrafo inicial una declaración de su estado en aquellos años? La conexión entre su vida y el surgir del consumo de drogas era una posibilidad, pues el mecanismo tendía siempre, como una deriva, a la introspección y su vida, en profundidad, iba unidad a la ebriedad. A pesar de no visitar esos paramos, otras latitudes, las estancias permanecían habitadas. Habitadas por siempre. El tiempo es un juez incontestable. Definitivo arbitrio. No tenía la fluencia necesaria, pero los comienzos son difíciles, atravesados y requieren voluntad. La voluntad es la llave:
1. Una ciudad húmeda, la lluvia es eterna.
2. El XIX en el XX. Después el XXI
3. Gafas de sol redondas, espejuelos, quizás, gabanes, botas altas y pantalones negros, el pelo suelto al viento, un sombrero de copa.
4. El rumor de los ladrones de cadáveres, nunca estudiaría Medicina, pero todos los días cruza el umbral de esa facultad.
5. ¿El cráter?
6. Vio amanecer y las mojas cantaron. Llovía y la mano de la muchacha estaba helada, su risa era sincera y abrazó su cuerpo. La quietud de aquel cuerpo de 19 años, su blanda realidad, su corazón, el tiempo de llegar a casa y desatar el vino de la noche y las costuras de la ropa.
Había cambiado y no era posible regresar. Todo era un reflejo [pálido]. Pantanos, carreteras comarcales, espejos rizados, la transición entre la ciudad y el campo. Todos esos difuminados rostros permitían la transparencia, pero su helada constitución era más fuerte que las mareas y las fases lunares, así descansó.
18.2.10
file
Entre las resmas de papel húmedo vio un periódico atrasado. Casi no era posible leerlo, pero en la primera página estaba la foto que llamó su atención. La recortó con sus dedos y la guardó en la cartera. Cuando llegó a casa la pegó en su diario. ¿Qué había llamado su atención? El rostro de una muchacha, nada más. Sólo su rostro, que perfectamente pudo reconocer. Se veía en un primer plano aquel rostro, anguloso, de ojos brillantes y profundos, hundidos. ¿La noticia? Resultaba indiferente. Hacía poco que había visto a la misma chica en un estado lamentable y eso le explicaba ciertos fenómenos de lo que él llamaba vicio, en ocasiones, como una conexión subterránea donde se resume la explicación de la ciudad. A su alcance. Otras veces lo denominaba vía de conocimiento. Confiaba en la heroína, pero no deseaba adentrarse en ella. Agujas, llamas, agua que hierve. Filtros, algodón, sangre. Así el cielo es un plomo o una plata de muslo y champú con aroma de menta. Camina por las calles con su pena y su peso, que en ocasiones le resulta ligero. Monedas que saltan de mano en mano. ¿Cómo había llamado a su hijo? ¿Peligro, muerte, profundo pozo? No tiene importancia. La anotación en el diario es el dibujo impreciso de una intuición. Así son nuestros mares interiores. ¿Ambigüedad? El paseo comienza en el aserradero abandonado. Río arriba está la mini-cetral-eléctrica. Allí hay un almendro seco que nunca dio fruto. Hay enamorados que han grabado allí sus nombres. La lluvia pulmonar es un estado. Toser y tabaco, el viento y el vino agrio, el paladar de una copa de coñac, suspira y sabe cómo encontrar la alegría y defenderse de la plaga de los tristes. Hacía un mes que no la veía y notaba como su ausencia se cristalizaba en otra renuncia. Sexo húmedo, aleteo de labios, la erección. Sabía como el cuerpo se torna en una vía de conocimiento, pero lo atenazaba un temor: no la volvería a ver. El recuerdo era intenso hasta el dolor. Sus piernas desnudas y el sexo abierto y oferente, zapatos altos y el olor a menta, tiembla y reclama un abrazo. El río es una lámina verde o negra, los árboles sumergen allí sus ramas y las piedras son monstruos dormidos. No hay preguntas, no hay más preguntas.
17.2.10
sound
Dice: Tengo la capacidad de convertir las palabras en dinero. ¿Habilidad? Es un don que hay que saber manejar. No confío en el pronóstico, pero he de fiarme de todas las indicaciones. Es relativo, pero lo único que nos une es esa guía. Pobres peregrinos. No era del todo exacto y eliminó los números.
Entre los caminos cuajados de lobos hay un bosque adornado de olvido y sombra, en el centro se eleva una cabaña donde descansa el hacedor de guitarras [eléctricas]. No fue casualidad, pero la semejanza con los hallazgos causó confusión y el desánimo se extendió. ¿Había motivo?
No responder es su arte y la distancia eleva la pistola al funcionamiento interno de la escalera. ¿Era su esplendor o una suma de motivaciones o creaciones en el instante? ¿Un coro elevado sin posibilidad de contraste? ¿Quién daría con la clave para acceder al misterio de las suspensiones? Caminaba o se elevaba sobre el suelo. Alternativamente. Un oleaje, el ritmo de las mareas. Nos entristeció cuando dijo que su matrimonio era una equivocación, nada le salvaría de aquel tormento y pensar la muerte era pensar en el núcleo de toda salvación. Demasiados giros en la vida dan lugar a una inestabilidad fundacional. Así nacen las naciones en mi país, pero no es una correlación, ni tan siquiera un nexo, sólo en tránsito de un poema a una realidad. Poesía, presencia y perfección: nota común la letra p. Otra verdad que desconocemos y nos impide penetrar en los bosques: quedan atrás y los lobos acunan el sueño que hemos de padecer.
11.2.10
modern
El resplandor de las alamedas en los otoñales atardeceres.
¿Cuántos otoños todavía restan? El viento suave que atraviesa los cristales rotos. Una vez fui moderno y ese ataque a mi integridad me ha convertido en lo que soy: niebla. Es lo insustancial lo que termina por dirigir la deriva de los días: los placeres y los días, tal que el escritor francés en su diván, en su gabinete forrado de corcho, desde donde oye la ópera a través del auricular del reciente teléfono, invento novedoso y lleno de vértigo en ese pre-electrónico instante. Inconcebible, todo está llamado a pasar de moda. El musical destino es la única guía y parecía sobrado con su suficiencia y su talento, su brillo, el brillo del trabajo bien hecho y el bien se compensa con el mal y el mal se ve compensado por el bien y esa cadena eterna lo atrapa e ignora que también rendirá cuentas de sus miedos y secretos. ¿Belleza? Caía la nieve sobre el bosque y su casa era de una humedad paralizante. La humilde vida interior fue desechada. Leía y sus lecturas carecían de intensidad. Luminosos días de invierno entre frío y escarcha y su practicum extemporáneo descansaba.
6.2.10
week
1. En aquel inhóspito claustro, mientras la nieve caía lentamente sobre los cipreses, el humo y la sombra se entrecruzaban y una monotonía de rezos y lejana música de vihuela sembraba el futuro de presente. Era un cuerpo que se elevaba dos centímetros sobre el suelo, que tenía esa extraña cualidad de hacerse transparente. Avanzaba la procesión y el furor blanco de la nieve descomponía todas las certezas anteriores. Ceniza. No es una cuestión de vocabulario, ni tan siquiera una peregrinación dolorosa y necesaria, el juego de los disfraces ya no le aburre, pero aquí su entrada está vedada y el reflejo de las hogueras en sus ojos distribuye el sentido de su verdad, que no única, que es un poliedro de substancias y deserciones. Nada hay en el fondo de un vaso que no se puede recoger.
2. La otra cara de la moneda mostraba la incesante necesidad de presencia. ¿Qué decir ante el estallido de formas y colores, sin narración no es posible?
3. Parte automática / en el cierre que atestigua la / secreción de olivos y noches en la / pátina antigua de nuestros bolsillos / hoy vacíos / mañana llenos de otras monedas que ya no podrán / ser aquellas.
4.2.10
silence
El estudio estaba situado en un edificio en la parte alta de la ciudad. Desde la ventana principal se veía el río, los tejados y la cúpula de la catedral. La decoración era sencilla o inexistente. Tres estanterías, una mesa y una silla, un ordenador, una butaca, libros y una tetera sobre la mesa, una taza y el humeante cigarro. Entre los libros había un lugar destacado para la botillería. La última hora de la tarde era propicia para acudir. Ya no leeré más hoy, ha sido suficiente. Envidiable desocupación, solía decir, cuando él había dedicado todo su capital a vivir así. Y era un aislamiento determinado y con la única ocupación de desgranar las páginas de los libros que había adquirido durante años.
- Nunca salgo de casa.
Una mujer le hacía la limpieza y le preparaba la comida. Yo, como recadero del gestor que le llevaba sus asuntos, acudía a su casa cada semana para entregarle papeles que debía firmar y resultados de cuentas y alquileres, que eran los que le posibilitaban aquella extraña existencia. Comenzamos a trabar amistad, si es que se le podía llamar amistad. Un día insistió y bebí aquel whisky mágico y comenzó a explicarme su absurdo plan que consistía en [...]
[Detuvo el relato y todos quedamos en suspenso. Dijo que prefería no continuar. ¿Fue justa su decisión? ¿por qué comenzó, pues? Todavía no he sido capaz de responder, todavía no me he decidido a responder].
3.2.10
reverse
Otros cuadernos:
Resultó que Lucía coleccionaba cuadernos de notas.
Me gustó especialmente uno que recogía apuntes de ventanas y tejados, cornisas o remates de edificios viejos o recién construidos, no importa, segmentos de maquinaria. Maquinaría agrícola, maquinaría portuaria, maquinaría de ingeniería civil. En principio no tendría porque tener un orden, un sentido, pero había una estructura interna que dotaba al cuaderno de la calidad de un artefacto para explicaciones y derrotas, investigaciones transversales sobre los órganos y glándulas que se constituyen en toda máquina, en todo edificio. Sus dimensiones no eran muy grandes. Precisos trazos de bolígrafo barato e iluminaciones con rotulador rojo, verde, azul y amarillo. Era suficiente y se transmitía la sensación de verdad. ¿El autor? Es complicado explicarlo, pero baste con decir que era un familiar de Lucía y su ocupación no estuvo nunca clara, salvo los paseos y las cervezas [con moderación]. Fumaba sistemáticamente tres cigarrillos diarios, visitaba la biblioteca en días alternos y los sábados iba al cine. Tenía una pequeña pensión y una renta que le permitía su ocio incesante, incomprensible para sus familiares y vecinos, necesario para él, desafiante y magnifico para Lucía.
- Esas excepciones de la provincia que tanto molestan en la provincia.
Tocaba el piano con interés y sin resultados, pero para él era un método de indagación como lo eran los cuadernos. Lucía tenía hacia él una deferencia especial. Era un pariente lejano: primo segundo de su padre. Le regaló tres cuadernos.
Lucía tiene un armario para guardar sus colecciones. Ha prometido mostrarme algún otro.
- Lo importantes es la irregularidad, la falta de conexión con los intereses ordinarios, que son eso: ordinarios.
- ¿En eso consiste?
- Esa es una faceta, pero en un sentido no-normal, es en la certeza de la posibilidad de ver desde otros puntos de vista, con otras alturas, la realidad, que no es una, ni múltiple.
Nos reímos. Dejé el cuaderno sobre la mesa y bebí un poco de té. El humo de sus cigarrillos anegaba la buhardilla de la casa de sus padres: armarios, mesas, butacas, sillas, baúles. Fuera llovía intensamente. No volveré a fumar.
2.2.10
notebook
Esto me contó ella, pero primero me dejó la nota:
Querida Lucía, allí dónde estés:
La cabaña en el bosque era una obsesión para ellos. Habían viajado a la Selva Negra para tomar notas y de aquel viaje salió el cuaderno que tienes entre tus manos. Te lo envío porque sé que estas cosas te gustan y lo cuidarás y, con ello, ellos tendrán una persistencia, ¿no crees?
Un cuaderno de tapas negras, las hojas numeradas, un inicio y un final. Acuarelas, tintas y esbozos a lápiz graso. ¿Es un tesoro?
Sí, su investigación consistía en reconstruir una posibilidad, pero no tenían intención de ejecutarla. En estos tiempos el viaje se debe fundamentar en peregrinos intereses, alejados de la corriente que domina. Acuarelas o fotos, quizá un recorte de periódico, un viaje en febrero o marzo, con todas las aperturas posibles, que no quiere decir otra cosa que la disponibilidad a las coincidencias, a los extravíos, a la improvisación. En la Selva Negra encontraron una comuna que se dedicaba a criar águilas. Poseían cinco carromatos, un camión y dos coches, una extensión considerable de bosque y un prado. El prado estaba cerrado con malla translucida verde, una extraña jaula de grandes dimensiones. El prado era más grande que un campo de fútbol. Debían turnarse noche y día para que los huevos de los pollos fuesen adelante, para alimentar a los pollos. No hablaban apenas. Allí pasaron tres días. Les confesaron que era un negocio con grandes beneficios, pero era muy exigente. Vi los dibujos, Lucía me explicó detalladamente el relato de los días que siguieron, cómo ellos tuvieron el accidente y cómo llegó el cuaderno a sus manos.
¿Un tesoro? Sin duda, dije al tiempo que veía los apuntes sobre los carromatos, los pollos de águila y las contundentes coníferas. La solidez se transmitía con precisión. Niebla, verde profundo, la fonética del idioma.
1.2.10
nox
nocturnas lecturas en pequeñas cabinas
en el olvido de los
bosques son los cimientos de algo
superior
y es esa inútil derrota en los combates
de
novelas que ya nadie recuerda
que ya nadie
lee
el ataque o el limpio ejercitarse durante las mañanas
mientras el día llega y las páginas
se desdicen y
hay una previsión en las películas en blanco y negro
y coches que se deslizan hacia la costa
y buscan fiesta
pero no es él quién ha de participar
porque las obligaciones son otras
acusaciones e indiferencia
la noche es el ámbito de la perfección
libros o té y el filo de aquellas películas
el final del día no es sólo el inicio
