13.10.10

sculpture ...

No recuerda un momento particular de aquel día. Colores fríos, olor a humo, el brillo de las nubes como acero o plata nueva, asociaciones, monedas. Su mano estaba fría y los paneles que recubrían las paredes eran como el color de la miel en las mañanas de invierno. Tres o cuatro fotos de satélite. Pudo reconocer Madrid, creyó reconocer Londres, se equivocó. Sus manos eran el alzado incontestable de la muerte, los ojos enfocaban el infinito de los sillones de la consulta, las batas de las enfermeras, el hábito hermético de los médicos. Nada hay al otro lado, claridad acerada. La calle tenía otro aspecto después de ser bendecidos por la ciencia. La ciencia, ese avanzar sin esperanza por la acera hacia cualquiera pozo.