29.10.10

[but]

Al anochecer escucho jazz: antiguo y definitivo. Son ondulaciones y el recuerdo de otros paisajes. Ya sólo queda eso: se ha perdido la ilusión y las ciudades son percusiones en la memoria, poco menos que una chispa o una luz que se extingue. La memoria era, quizá, líquida porque aquella dorada tardes de agosto así transformaba lo vivido. Hoy no se pueden ver los austeros peces de acero en el fondo del lago. Viajamos en el coche ventrudo a través de los montes y los valles, sin detenernos y el lago apareció como un animal dormido. Agosto transformaba la vida en fuego y el fuego era el pájaro soñado por la moribunda. Agarraba su mano con fuerza y la vida se le escapaba. El lago no era un otoño sombrío, las tardanzas carecían de importancia. Castaños, brañas, la señal de ocupado que escupe el teléfono, todo se acelera y la guitarra eléctrica la ha de acompañar más allá de la muerte, el mundo tiene una explicación, es el rey de ritmo de la jungla. Pero si sabe a qué me refiero, conoce a quién me dirijo, por qué no se levanta y camina. Son misterios en el atardecer desnudo de este jazz que no es una caligrafía de piano y guitarra, de caja y síncopa. Aturdido caminó por aquellos pasillos blancos, el incienso de los fines de mes, tanto dinero, y habló del chupatintas, pero no de las deudas que dejó cuando se retiró de la escena. Blancos escenarios que desbordan la confusión: día, noche, roce o placer, estribos, caballos y jinetes, la damita en el corazón del bosque, Neptuno es un amigo que sufrió la metamorfosis: de hombre a perro, y así ganaba. El sol dibuja la vida con desgana y un día el sol se ha de apagar y lo repite ante el médico que se inquieta con falsedad, sabedor de todas las tristezas y ausente, la ciencia no tiene conjuros y así, la cura es otra aventura del azar, nadie toca el velo de la muerte y sin consistencia el día atormenta a los durmientes. Pantanos y levitaciones, aquellas barcas inconsistentes, la cera de las abejas, el hexágono del panal, miel y aguardiente, son las últimas ebriedades. Plomo y viraje al exacto centro de su miedo, su terror.