20.3.10

wall

No habían dado las cuatro de la tarde todavía, el río era una lámina acerada que traslucía en su reflejo el plomo del cielo. Así, el té adecuado, la ginebra adecuada, se levantó y caminó hacia el piano. Eran unos acordes sueltos y suficientes. Nos explicó que pensaba componer con esos mimbre todo un álbum que ni siquiera había motivado. ¿Motivaciones? Llegados a un momento, la cuestión se solucionaba desde una postura abstracta: tanto los movimientos y las letanías rescatas de la infancia no eran poco más que excusas, porque hay necesidad de una concreción.

Carecía de importancia. Sólo recuerdo la luz, el sabor articulado de la ginebra y la tónica, el tabaco suave, la inspiración del perro [dormía a mis pies]. Londres es una enfermedad o un don. Yo no podía distinguir una cosa de la otra y las conversaciones eran la manera más eficaz de rastrear posibilidades y entretenimientos. Muros de ladrillo rojo, puertas blancas y todas la calles que deberíamos recorrer en los años siguientes.