28.3.10

ending-6

Al llegar se mostró contento [al contrario que durante el viaje: su silencio, su mirada perdida en el paisaje, tras la ventanilla de aquel vagón sin más historia que la que él alzaba]. Quizá eran los recuerdos que el frontón de ladrillos iluminados tal que sus cristales, tal que plomo arañado, tal que la lámina de agua que descubre el paseo por el campo: oh, depósitos del amor y dudas, el tatuaje de viento y niebla. No se atribuía más méritos que su capacidad lectora y eso no es otra cosa que arrogancia y pasión. Entramos en la casa y ella esperaba paciente en el salón_piano. Un teclado es un infinito y la ponencia se muestra en su simple contemplación. Un acorde menor, el sentido del deber, peces mitológicos. Ámbar y fuego. La investigación conduce a conclusiones, es pasear el último destino, absorbió el sentido de las escalas en las dulces tarde de mayo, gotas de licor y pestilencia de pantanos y abrevan las vacas y los bulles, hay un caballo rojo en la pradera, todos esos letargos son la energía del día, amanece y Londres es otra ciudad, amanece y París es otra ciudad, pero en todas ellas se contienen el suspiro anterior a sus palabras. Ella es dueña de ambas ciudades, pero renuncia a las dos, con una simultánea indiferencia.


Vi a los trileros en Covent Garden, vi al Gitano cerca de Trafalgar, pero yo me desdije y no caminé por el poema que la ciudad construye: biografía eterna de ahorcados, el amor de los muertos, el estuche de mi guitarra es toda nuestra geografía, no necesitamos más, aquí he ahondado en mi verdad [y rechazo la palabra, acepto su peso y su estructura, esqueleto de plomo] 'No podrás escribir esta noche'. Mientras se funde la tinta con el papel, el maleficio cobra cuerpo, su substancia, el solido armazón, el pesado esqueleto de plomo y viento.


No son enfermedades, no son santuarios, ni siquiera el gozo del orgasmo, en sus ovarios el agua salada dio origen al niño que corre más allá de los pantanos, del páramo, de la verdura y el crisol naranja de un atardecer [quizá azul cobalto, quizá el peligro de un negro profundo de humo y carbón, quizá los rastros amarillos de los guantes de la elegancia]. No se paga con moneda de plomo, no se muestra el amor en la reliquia. Nada tan gastado, nada tan muerto, da el tiempo, quita el tiempo razones. Hoy es sábado y he de ver la literalidad de su enfermo rostro, el miedo y la tristeza, la caridad que no se puede resolver en un abrazo, su padre le ha mirado y esa es la adivinación que postula.