16.9.08

vanity press

Preciosas al mediodía, café americano muy largo de agua  y un sandwich de muslo de pavo con mahonesa y lechuga, un desnatado, un batido de soja y un cigarrillo.  El amarillo es un  color que odio. Litúrgica, embebida en cierto conocimiento, colchones y edredones de buena y amorosa madre, lo di todo, lo daremos todo. Era la luz, la lavada luz del otoño que tanto la desconcierta, lo recuerda como se recuerdan las asociaciones de la infancia, la sorpresa del primer déjà-vu, already seen