20.9.08

sharp

El Globo de Colores: Tartarin de Tarascon. 1972, 1973 ó 1974. Alamedas, casetas, bancos blancos, helechos milenarios, la ropa y las fotografías tienen el mismo tono amarillento, la descomposición de los pigmentos. 1975, con total seguridad. El libro ha envejecido y en las ilustraciones se han sedimentado recuerdos, un momento, fulgurantes, asimétricos, afilados. Una curva a la derecha, se abre la ría y el puente es una masa borrosa entre la niebla, sus estribos se hunden en el agua negra, son las extremidades de un animal anterior. La música es adecuada, años 80, Depeche Mode, The Cure y The Smiths. Hablamos de aquel libro, que yo conservo con cariño, sobre un tomo de Catulo y una antología de Gerardo Diego [ed. Gredos, es rojo y con bandas blancas, tan metido en su tiempo: 1970, Versos escogidos]. Los tres lomos en la estantería forman una unidad, son sus colores, las dimensiones de los propios lomos, el lugar que ocupan como libros, como lectura en sí, ausente el soporte. ¿Te has enamorado? Sí, claro. Me refiero a los últimos días. No lo sé, puede ser, la última vez duró casi veinte minutos. Pero los libros, en su descanso de balda y desorden, preservan todo aquello que no puede ser vendido. Era su obscenidad, el sostener y el gallear con el tiempo que había estado en Londres, amoríos, ginebra o gin, manicura y tres trajes, cuatro pares de zapatos y seis camisas, un sin fin de corbatas [tan presumido]. Necesitaba, como un detective sentimental, averiguar tres detalles, cuatro datos, y no resultaba fácil, tan importantes eran los desvíos y las veredas.