18.9.08
five
El uso despectivo de una palabra: aficionado. Los cuadros sin gusto, carentes de ejecución, caligráficas y fallidas pinceladas. El domingo por la mañana, con su paseo y la culminación de la exposición del pintor de domingo. De todos modos debían de ser las doce y cuarto y era tarde, aunque no lo parezca, en principio. Una madre, su niña y una amiga. Faldas de tubo y blusas de domingo y oro reciente y esculpido, bolso imitación cocodrilo, negro y grande, algo de fantasía y un poco de mala lengua, la mala lengua de la provincia. Es esa la extraña relación entre el paseante y las figuras del paisaje, oficios, matrimonios, hijos, pensiones, oftalmólogos e internistas, en cada palabra reside el emblema, sólo sonido, sólo significante. El camarero, el abogado, el pastor, el rey, el oficinista, el funcionario y el parado, la mujer que cruza el semáforo en rojo sin mirar, a la carrera [ya no es joven y fue hermosa, todavía hierven pavesas en sus ojos], compulsivos jugadores [por otro lado, como todos los jugadores: tragaperras, siete y media o los billetes marcados y los préstamos, esa esperanza], serias enfermedades y recientes incomodidades. Todo se soporta, todo se aguanta, por un hijo, suspende la voz y comprende mediante su maternidad el mundo, es equiparable. Músicos, pintores y poetas, el domingo por la mañana se citan en las salas de exposiciones y en las terrazas del centro,no importa: tenderos, mesocracia o menestrales con la copa de coñac de la sobremesa siempre en sus manos, el equipo de música y los recuerdos de los viajes en las vitrinas, en las estanterías, en los álbumes, estuches con monedas y la reproducción del avión que allí nos llevó, una tarjeta o un llavero. Músicos, pintores y poetas reclinados en su traje de domingo. Músicos, pintores y poetas que se desvanecen mientras la tarde del jueves muere.