24.8.08

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Un secreto, entre labios, susurrado en la espesura de un concierto cualquiera. Una guitarra española, barra de labios y la voz sin violencia se extiende. Es un momento, un regreso, el conocimiento instantáneo. Se desvanece cuando regresa la luz, todavía sus brazadas agitan el agua, círculos concéntricos, la piedra lanzada no tiene vuelta. Pegatinas, lucerío, los rojos pilotos de los coches son magnéticos, negros en la noche negra. Tiene sueno y sólo ha bebido agua, nunca fría, con una rodaja de limón. Ya no fuma, ha perdido peso y no piensa demasiado en la tarde del domingo, la sufre y se olvida hasta el siguiente domingo.