[Tras los magnolios hay un helecho gigante. Requiere muchos cuidados, pero la grandeza del palacio parece residir ahí, así lo contó, mientras jugaba con las llaves de su coche, de su Clio negro. En efecto, las coniferas se extienden hasta llegar a la carretera, donde están los primeros chalets, las urbanizaciones que se derraman hasta el mar, casi hasta la playa. Por eso cuando cae la noche las dimensión parecen mucho mayores. Lo son. Conozco bien la bahía, sus recodos, sus miradores, carreteras de tercer orden, tascas, chigres y vino ácido. Hoy no he visto a nadie, ni quiera he sacado la cámara, indolentes paseos].
El ronquido de un camión, vecinos nuevos, jóvenes y sanos, un perro ladra, siempre lo hace a esta hora, películas pendientes y libros olvidados. La memoria establece su dominio, su razón, sus ausencias.