No hay demasiado que contar o todo el día debe ser contado, desde sus principios hasta su final, la noche y la soledad de la habitación, la oscuridad, el recuento del día y el ámbito del sueño, su preámbulo. Todo es un ejercicio inútil y ahí reside su grandeza: la muerte no puede ser vencida. Esta incapacidad nos condiciona como el sueño condiciona a los perros. Los perros duermen todo el día, y si es verano, peor. Les oigo hablar, presto atención a su pronunciación, a los gestos, a sus modos y maneras de vestir. Y soy amable, correcto y distante.
Ella me sonríe porque es la cortesía adecuada, sincera, gratuita. Simultánea.
Led Zeppelin es lo que ahora suena y nos gusta a los dos, lo sé, aunque ella no pueda oírlo ya, es sencillo. Nada puede ser más sencillo y natural. Nuestra voz, nuestra manera de fumar, la indolencia
y la delectación. So much.-